Historia

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Historias

  


CAPÍTULO 1

     Todo comenzó un día 25, el día de Navidad concretamente. Fui de viaje a un pueblo con mi mejor amigo. Ambos teníamos que permanecer en la misma casa, puesto que no teníamos otro sitio donde poder pasar la noche. Además, sus padres no estaban, y confiaron en nosotros para cuidar la casa.
   
    A la tarde, me encontraba junto a unos amigos de toda la vida, esperando, sentada en una fría pista de skate, observando el mar, a los skaters y, en sí, a la gente que pasaba. Me encontraba con mi mejor amigo, Alejandro, un chico rubito, alto, de ojos oscuros. Él tenía unas pecas muy graciosas que conjuntaban con su sonrisa. Es muy alegre, muy simpático y un gran amigo. Ese día, estuvimos los dos jugando un poco, cuando, sin darme cuenta, me choqué.
   
     Caí al suelo, y me froté la cabeza revolviendo mi pelo castaño más bien rubio. Al abrir los ojos, de color verde, vi a un chico, alto, castaño, de ojos oscuros, extendiendo la mano hacia mí, ofreciéndome su ayuda para levantarme, cosa que yo correspondí.
 
     Nos miramos un rato, y él se agachó. Me enrojecí al ver su acción, y cuando miré sus manos estaba recogiendo mi gorrito, debió caerse al suelo cuando me choqué. Amablemente, me lo devolvió con una amplia sonrisa, y se la devolví.
 
    Fuimos con Alex de nuevo, y él saludó al chico con el que venia. Me sobresalté al saber que se conocían y ambos se rieron.
  -Jessica, pues claro que le conozco, es amigo mio desde que fui a la convención- dijo Alejandro sonriendo
  -Mi nombre es Josh, un placer conocerte- comentó mientras su sonrisa me cautivaba.
 
   Yo, sonrojada, le dije mi nombre, acto seguido, empezaron a reírse. No entendí el por qué, pero les acompañé riéndome también. Pensé que podría ser por lo roja que me encontraba en ese momento. Pasadas las horas, mi amigo dijo de volver a casa, se hacía tarde. El sol se ocultaba entre las pequeñas olas del mar, que parecía que se despedían de nosotros.

   Caminamos los tres juntos entre risas y empujones amistosos, hasta que Josh se tuvo que despedir de nosotros. A Alex  le estrechó la mano, y a mi, sin embargo, me abrazo y me dio dos besos, cosa que hice igual algo más sonrojada. Tras irse él, seguimos caminando, y tras un largo rato, noté que no me dejaba de mirar. Su cara reflejaba la picardía, me resultó extraño, y puse cara rara. De seguido, ambos nos reímos y entramos a casa.
   -¿Qué te ha parecido Josh?- Me preguntó con una sonrisita
   -mnh...bueno... es un buen chico y tal... - dije yo nerviosa
   -Está bien, iré a ducharme... Tú ve preparando la cena.-concretó yendo hacia el baño
 
    Resoplé, y encamine a la cocina algo confusa. Muchas dudas se acumulaban en mis pensamientos, pero no debía pensar eso ahora, debía preocuparme por la cena o sino podría cortarme...

    cuando Alex salió de la ducha, yo recién estaba poniendo la mesa para cenar, pero al mirarle me tapé rápidamente los ojos.
    -¡¿POR QUÉ DEMONIOS NO TE HAS PUESTO LA ROPA!?-explamé de mala manera
    -Porque somos casi hermanos... además no tienes que sonrojarte, sé que te gusto- dijo con aires de superioridad
    -¡VÍSTETE GUARRO!-Grité mientras le lanzaba un trapo
 
    Él sólo rió, y se volvió al baño, poniéndose la ropa. Mientras, yo estaba furiosa terminando de poner la mesa. Sólo se le ocurrían a él esas ideas de bombero jubilado...

   Al rato, comenzamos a cenar, sin decir palabra, nos limitamos a cenar y ya, no queríamos hablar del tema de Josh... y menos yo, que acababa de superar mi relación hace bien poco y no quería más dolor.
   -Deberías decírselo...-dijo mientras se metía la cuchara en la boca
   -Cállate, no tienes ni idea...-dije haciendo lo mismo que él
   -Vale vale, relajate un poco... Encima que te intento animar...-continuó mirándome serio

   A decir verdad, nunca le había visto así, serio, me resultó raro. Volví a mirar a mi plato y añadí
   -Ni siquiera sé como es y ya intentas emparejarnos...

   Él rió y continuamos la cena. Tras ello, me dirigí a la ducha, que me di prisa. Me puse mi camisón rosa, corto, me lo regaló mi abuela al morir, y nunca me separé de él desde entonces.

   Alex se fue a la cama a dormir, y no pasaron apenas varios segundos antes de que se durmiese. Al llegar yo a la habitación le vi, suspiré y me acerqué a la cama con sigilo. Le aparté para que me dejase un hueco y me tumbé pensativa.

   Al rato, seguía mirando a la pared, cuando noté que me abrazaban por la espalda, era Alejandro, que tiene esa manía de abrazarme dormido, y la verdad,  no me molesta, mientras que no me empuje de la cama vamos bien.
 
   Comencé a cerrar lentamente los ojos, el sueño me invadía, no podía parar de pensar mientras me iba sumiendo en un sueño profundo...  Al fin, me dormí.
 

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